CONTRATAPA
“Una herida en la pierna lleva a Camilo de Lellis hasta
el Hospital San Giacomo en Roma, Italia.
Allí debe someterse a un inesperado, largo y costoso
tratamiento que lo obliga a involucrarse en la sordidez del
mundo sanitario de su época.
Camilo había abrazado la carrera de las armas, era joven,
vigoroso, perseguía la gloria y se dejaba llevar por
sus mayores pasiones: el juego. En el límite del despeñadero,
la Gracias entra en su corazón- Camilo descubre precisamente
en los hospitales la gloria que buscaba en las batallas; Y en
los enfermos, al mismo Jesucristo necesitado de compasión.
Su obra, su mensaje, los prodigios que realizó y que
continúa realizando, nos llegan a través de la
apasionante trayectoria de su vida, con la potencia de la savia
nueva que corre por la planta que Camilo sembró y que
se ha multiplicado por todo el mundo.
La fórmula del nutriente está contenida en el
poderoso elixir que Camilo llamó Caridad.
Quien ama al enfermo, quien lo sirve y atiende en sus necesidades
físicas y espirituales, no sólo adquiere el don
de sanar, sino que sana a sí mismo, de una vez y para
siempre.”
¿QIÉN
ES SAN CAMILO DE LELLIS?
Palabras del autor:
“Un Santo, Patrón de los Hospitales y de los
Enfermos (1886) ; de los Enfermos ( 1930): de la Sanidad Militar
Italiana (1974) y Benefactor de la Humanidad (1914).
Una deficinión interesante es la del Papa benedicto XIV:
Camilo, iniciador de una nueva escuela de caridad.
San Camilo asistió y enseñó a asistir enfermos,
de una manera totalmente nueva, plenamente humana y maravillosamente
natural.
Decir que un hombre se enamora de los enfermos puede parecer
una exageración, o cuanto menos, una postura de quien,
amando a su Fundador –como todo camiliano- se ve en la
obligación de magnificar su obra. Sin embargo, quienquiera
que se acerque y conozca la vida de San Camilo, se convencerá
de igual modo que, en realidad –en el buen sentido cristiano-
este hombre se enamoró, efectivamente, del hombre enfermo;
del hombre que sufre, del hombre que necesita ser atendido con
especial dedicación....Ese hombre que para Camilo no
venía a ser ni una representación ni una figuración
de Cristo, sino el mismo Cristo, aquel que afirmara: Lo que
hacéis por cada uno de mis pequeños, a Mi me lo
hacéis...Estuve enfermo y me viniste a visitar....”