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Médico UC relata su experiencia en la Isla Robinson Crusoe
El Dr. Roberto Candia estuvo una semana apoyando a la única médico de la isla. “El rol que cumplimos fue justo y necesario para sobrellevar la contingencia”.
Ahora se gestiona el envío de medicamentos y un operativo de especialistas a la isla.
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“Es difícil no dejarse llevar por la emoción… Pero hay que hacerlo, para poder seguir trabajando”, dice el Dr. Roberto Candia, a su regreso de la Isla Robinson Crusoe, donde estuvo durante una semana, junto al kinesiólogo Camilo Muñoz, ayudando a la única médico que trabaja en forma permanente en la isla, la doctora Daniela Matta.
Roberto Candia, médico internista y residente de gastroenterología, abre su notebook y muestra las fotos de la isla después de tsumani: una masa de objetos de todo tipo flotan en la costa de San Juan Bautista, el principal pueblo de Robinson Crusoe; miles de fragmentos de vida convertidos en una gruesa capa de desechos. Pero también están las fotos en que Roberto y Camilo aparecen atendiendo a los pobladores de todas las edades, en una misión que llegó cuando más se la necesitaba.
“En cuanto llegué, asumí la atención en el Policlínico y las consultas de urgencia. Al comienzo, atendíamos a cerca de 15 personas diarias. Y, junto al kinesiólogo, hacíamos visitas domiciliarias”. En ese pueblo, murieron 16 personas, “el 2%” de la población, precisa Roberto. También hubo gran cantidad de heridos y mucha gente con diversas dolencias producto de las duras circunstancias en que se vivió el maremoto.
“Lo que más vimos fue niños con infecciones respiratorias y síndrome bronquial obstructivo”. Y es que la madrugada del maremoto, personas de todas las edades permanecieron varias horas mojadas, sin abrigo, y a la intemperie.
“Por más que tratemos de imaginarlo, nosotros nunca vamos a entender bien lo que ellos vivieron en esos momentos”, reflexiona Roberto. “Los lugareños de Robinson Crusoe son personas fuertes y con una personalidad bien curtida. No se dejan amilanar por las circunstancias y por eso, probablemente, no hacen notar los síntomas de salud mental que pueden estar viviendo. Pero si tú les preguntas, la mayoría te cuenta que no está durmiendo en la noche o que se despierta y se levanta en la noche, a la hora en que fue el maremoto”.
“Las madres que perdieron a sus hijos te dicen el niño se me soltó, no lo pude sujetar. No te dicen a la ola era demasiado enorme y violenta. Eso te muestra cómo lo están viviendo. Tú les dices que ellas no tienen ninguna culpa. Y ellas responden: Si sé. Pero de todos modos lo relatan así. Y uno no puede mostrar pena ni debilidad porque uno está allá para cumplir un rol de apoyo”.
Roberto Candia está de regreso porque ya llegaron a la isla refuerzos médicos del Servicio de Salud de la V Región. Camilo Muñoz se quedó porque era necesario un kinesiólogo. Antes de volver, Roberto dejó coordinado un envío de medicamentos desde acá que son necesarios allá. Además, se está organizando un viaje a la isla con un grupo de especialistas UC para mayo o fines de abril. “Es importante que la gente de allá pueda ser atendida por traumatólogos, un otorrinos, oftalmólogos y otros especialistas. Quedaron hechos los puentes para un operativo”.
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Así quedó la costa de San Juan Bautista, el principal pueblo de Robinson Crusoe, tras el maremoto. Una masa de objetos de todo tipo flotan en la costa.

Un banco de la plaza quedó en lo alto de un árbol tras la arremetida de siete grandes olas; tres de ellas, de 15 a 20 metros.

El kinesiólogo Camilo Muñoz y el médico internista Roberto Candia, en el avión de la Fach que los llevó a la isla.
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El Dr. Roberto Candia, en sus visitas domiciliarias en la isla.
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Camilo Muñoz, atendiendo a un niño de San Juan Bautista. |
| El Dr. J.M. Mardonez relata su experiencia en el operativo de la UC post terremoto >> |
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Médicos UC contribuyen a prevenir nuevos focos de impacto sanitario en la VIII Región
En el Hospital de Quirihue y el Cesfam de Cobquecura, nuestros profesionales de la salud atienden a la población tras terremoto, entregando una gran ayuda a los equipos locales.
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El tercer equipo de profesionales UC que se encuentra en la zona del epicentro del terremoto del pasado 27 de febrero, hacen un balance positivo de cómo la gente se ha organizado para enfrentar la mayor crisis provocada por la naturaleza en los últimos 50 años.
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 Profesionales de Salud UC atienden a pobladores de Quirihue.
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El terremoto cambió sus vidas, sus casas están en el suelo y los enfermos han sido tratados por lo equipos de salud locales que de inmediato actuaron por los heridos. Sin duda, la contribución prestada por el equipo UC ha favorecido la atención y multiplicado las manos de ayuda para apoyar a una población devastada y con miedo de retomar sus vidas con normalidad.
Asimismo, el sentimiento de abandono impera en los habitantes de Quirihue y Cobquecura; el daño de la mayoría de las viviendas es severo, entre el 60 y 80 por ciento de las familias no puede volver a sus hogares inhabitables, que en muchos casos deben ser demolidos. El dormir en carpas o en viviendas de emergencia no les asegura una protección del mal tiempo que se avecina según el pronóstico.
Traumas y heridas por levantamiento de escombros, infecciones gastrointestinales, posibilidades de infección por Hanta debido a la mayor circulación de ratones en cada demolición, falta de higiene ambiental por escasez de contenedores de basura y, principalmente, el impacto psicológico de una población que tiene mucho miedo y trastornos por estrés agudo, son las necesidades más importantes de una zona que no está en el registro de las más siniestrados, a pesar de ser el epicentro del terremoto.
Las principales patologías que se diagnostican son enfermedades gastrointestinales, respiratorias, traumatismos y curación de heridas. El equipo UC que se inscribió para estos operativos de servicio son alrededor de 120 profesionales de la Salud. El equipo que partió esta semana son 20 personas; entre ellos, médicos, kinesiólogos, químico farmacéuticos, enfermeras, asistentes sociales y personal de apoyo psicológico y espiritual, que atienden en el Hospital de Quirihue y en el Centro de Salud Familiar Cesfam de Cobquecura.
Cobquecura fue el epicentro del terremoto y posterior maremoto del pasado 27 de febrero. Al encontrarse en el límite entre la séptima y octava región queda lejano a las preocupaciones de las ciudades capitales regionales. Sin embargo, el equipo UC ha privilegiado la zona más afectada, debido a que la infraestructura es precaria y las necesidades son muchas. El grupo se ha subdividido en cuatro, que cumplen distintas funciones: atención de policlínico (consultas), atención en pabellones, apoyo en farmacia para la entrega de medicamentos y las rondas rurales en donde los equipos se van rotando para ir y ver con sus propios ojos la situación de precariedad de las personas en sus casas.
Historias de vida, humildad y pobreza es lo que se observa en esta zona devastada, pero con mucha fuerza interior. Con optimismo esperan seguir adelante tratando de prevenir nuevos focos de enfermedades, recibiendo el apoyo de médicos, enfermeras, psicólogos, kinesiólogos, químicos y asistentes sociales, que esperan se prolongue en el tiempo.
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Nuevos equipos de la Facultad de Medicina
parten a zonas afectadas
Cerca de 90 profesionales y alumnos de la Facultad de Medicina UC están desde la V a la VIII regiones, ofreciendo atención en salud a las familias afectadas por el terremoto.
Más de 120 voluntarios de esta Facultad se han inscrito para ir a terreno, y se ha puesto en marcha un sistema de relevos y capacitación.
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El Dr. J.M. Mardonez relata su experiencia en el operativo de la UC post terremoto >>
Esta semana partieron a Juan Fernández el médico Roberto Candia y el kinesiólogo Camilo Muñoz para reforzar el equipo de salud de la isla. La solicitud llegó desde la Facultad de Ciencias Biológicas, que se encontraba desde antes allí realizando varias investigaciones. |

El grupo que viajó esta semana a Quirihue y a Cobquecura
se apresta a iniciar el viaje desde la Facultad de Medicina. |
La Universidad Católica en conjunto se ha movilizado en forma coordinada para ir en ayuda de las víctimas del terremoto y el maremoto del 27 de febrero. En este marco, la Facultad de Medicina se ha organizado bajo un Comité de Coordinación, a cargo del Dr. Luis Ibáñez, y en este momento son cinco los frentes en que los profesionales y los estudiantes de la facultad están prestando su ayuda.
Además de la presencia en Juan Fernández, esta semana partió un equipo de 22 personas a relevar a los profesionales de la salud y a los estudiantes que ya estaban trabajando en Qurihue y Cobquecura. Este primer grupo levantó un diagnóstico inicial y el segundo grupo partió con el objetivo de responder a las necesidades detectadas.
Simultáneamente, desde el Campus San Joaquín, partió también otra delegación de equipos de salud a Hualañé y Curepto, donde ya estaba desde hace varios días un equipo multidisciplinario de la Universidad Católica, en el marco de una iniciativa que coordina el Centro de Políticas Públicas UC. Allí, liderados por el Dr. José Miguel Mardonez, hay diez médicos, seis docentes y cinco internas de Enfermería, los que han prestado acciones de auxilio y apoyo asistencial, y están levantando un diagnóstico de la situación.
En la Región del Maule, los psiquiatras Rodrigo Figueroa y Matías González están trabajando a requerimiento de las autoridades de salud de la región, con el objetivo de levantar un diagnóstico y un programa de salud mental para apoyar a la población de esa zona. Un grupo de alumnos de distintas carreras de la universidad, coordinados por la FEUC, colaboran recogiendo en terreno la información para ese diagnóstico.
Estudiantes en acción
Los centros de alumnos de Medicina y Enfermería, asociados con otras iniciativas de organizaciones estudiantiles y con el apoyo de sus respectivas autoridades estudiantiles se han sumado, logrando una participación amplia de los estudiantes. Han estado prestando ayuda humanitaria de distintas formas: recolectando alimentos, seleccionando, ordenando y despachando medicamentos. Los estudiantes también están participando con los profesionales prestando ayuda sanitaria en distintas zonas, sea en los equipos de Quirihue, Hualañé y Curepto como en otros puntos del secano costero de la VI y VIII región (Placilla, Paredones, Navidad, Licantén y Llico). En total se han movilizado 50 alumnos de medicina y 11 internas de enfermería para trabajo en terreno
Con ello son más de 90 los profesionales y alumnos de la Facultad de Medicina UC que están atendiendo en las zonas afectadas. Y son más los que se están preparando para partir. Ya hubo una jornada de capacitación sobre atención en salud en zona de desastre a la que asistieron 120 voluntarios, y se está evaluando la realización de otro ciclo de charlas el próximo fin de semana.
Las nuevas delegaciones están respondiendo a las necesidades detectadas por los equipos de avanzada que llegaron estas localidades del Ñuble y del Maule la semana pasada. En estos equipos van estudiantes, internos, enfermeras, técnicos de enfermería, psicólogos, y médicos generales y de distintas especialidades: familiares, gastroenterólogos, gineco-obstetras, pediatras, urgenciólogos, etc. Además, también han partido voluntarios preparados para dar acompañamiento espiritual.
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Parte de la delegación de la UC que está en las zonas de Hualañé y Curepto. El Dr. José Miguel Mardonez (en la cabecera)
coordina a los equipos de salud, y el director del Centro de Políticas Públicas, Ignacio Irarrázaval (de azul), lidera la iniciativa general. |
Apoyo futuro
El Dr. Luis Ibáñez, director de Áreas Docentes Asistenciales de la Facultad de Medicina UC, destacó que esta labor se da en el marco de un trabajo global de la universidad, lo que permite abordar otras necesidades de las comunidades afectadas y mejorar así su condición sanitaria en un sentido más amplio. “Hemos privilegiado nuestra acción en comunidades pequeñas, a las que estamos enviando médicos que, además de atender a las personas, pueden hacer un diagnóstico de la situación, permitiendo que los equipos de relevo respondan a sus necesidades”.
La Facultad de Medicina está en permanente contacto con las autoridades de los Servicios de Salud del Maule y de Ñuble, zonas con las que tiene una estrecha relación desde hace años, ya que allí laboran muchos de sus ex alumnos. Y de ese contacto han surgido varias de las iniciativas de ayuda que los académicos y alumnos de la Facultad están realizando.
La intención es que el apoyo de la UC a estas pequeñas comunidades pueda mantenerse en el tiempo y que, con el tiempo, éstas lleguen a tener una condición de vida mejor que la que tenían antes de ocurridos los recientes desastres naturales, señaló el Dr. Luis Ibáñez.
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